Google y sus usuarios: la indiferencia formal de la compañía respecto al usuario y el predominio de los procesos de extracción.
La indiferencia formal consiste en que Google observa indiscriminadamente todo lo que hace el usuario. Nada es demasiado trivial o efímero para no incluirlo en su cosecha de datos: historial de búsquedas, fotos, canciones, vídeos, datos de geolocalización, compras, clicks, tiempo de visionado de páginas, palabras mal escritas… La cantidad se prefiere a la calidad. Siempre que el usuario haga o diga algo, da igual la forma que tenga, si se puede capturar y convertir en datos, a Google le sirve. Las tácticas se diseñan para pasar inadvertidas y solo se detienen cuando encuentran oposición.
La extracción es una actividad continuada a la que están sometidos los usuarios, contribuyendo a ser objeto de estudio . Los datos que se producen en entornos íntimos que luego se descontextualizan y se agregan para convertirse en big data. Los datos se obtienen sin consentimiento pleno y sin ser ofrecidos a cambio. Al convertirse su población principal en una fuente de datos en lugar de estar sujeta a las reciprocidades propias del mercado, se produce una ruptura con el pasado. Entre usuario y compañía no existe una verdadera relación sino un proceso de una sola dirección que extrae sin cesar.
El relato canónico de la democracia de mercado ya no sirve para explicar esta nueva lógica de acumulación dominante. Hasta ahora, las profundas interdependencias que existían entre las firmas y sus poblaciones —clientes y empleados— mitigaban en parte los rigores y desigualdades del capitalismo. Algunas de estas interdependencias se llegaron a institucionalizar quedando amparadas por leyes.
